La antigua Mezquita de Córdoba, convertida en el siglo XIII en la actual Catedral de Santa María de Córdoba, es el monumento más importante
de Córdoba y también de toda la arquitectura andalusí, junto con la Alhambra.
Construida a partir del siglo VIII sobre una basílica visigoda, fue objeto de ampliaciones durante el Califato de Córdoba, y tras la conquista cristiana
en 1236 fue convertida en catedral. Para ello se realizaron modificaciones, las más polémicas en 1523, cuando la parte central de la antigua sala
de oración se transformó con los criterios propios de la arquitectura del Renacimiento.
Con 23.400 metros cuadrados, fue la segunda mezquita más grande del mundo en superficie, por detrás de la Mezquita de la Meca, alcanzada posteriormente
por la Mezquita Azul (Estambul, 1588) y la Mezquita Hassan II (Casablanca, 1993, de 23.000 metros cuadrados). Fuente.
La mezquita se compone de tres partes: El Patio de los Naranjos, que en tiempos del Califato era el "Patio de las Abluciones" (conserva buena parte de su aspecto original),
al que se accede por la Puerta del Perdón, en donde se observan las hileras de naranjos y palmeras.
La puerta de Las Palmas da acceso a la mezquita: un bosque de ochocientas cincuenta columnas de mármol, jaspe y granito sobre las que se apoyan trescientos sesenta
y cinco arcos de herradura bicolores, da la medida del esplendor del arte de los califas en su apogeo. El mihrab, lugar santo de la mezquita que señala la dirección
Sur y no la de La Meca, de acuerdo con la voluntad de Abderramán
En el Lucernario se conservan los arcos lobulados de los muros y la cúpula. En la cabecera destacan los arcos, los mosaicos del muro y la estructura y
decoración de las cúpulas a base de arcos cruzados.
Tras la conquista de Córdoba por los cristianos, éstos utilizaron la mezquita para celebrar su culto. Pero en el siglo XVI, cuando el Islam fue
definitivamente expulsado de la península Ibérica, los vencedores quisieron adecuarla a sus creencias: construyeron una catedral renacentista
en pleno corazón de la mezquita, a cargo de Hernán Ruiz y luego de su hijo.